martes, 8 de abril de 2008

LA MENCIÓN DE CRISTO EN LOS ANALES DE TÁCITO



La primera mención de Cristo en fuentes paganas la hallamos en la obra del historiador romano Cornelio TÁCITO (¿55 – 120? d. de C.), los Anales (Annales), libro XV, capítulo 44, obra que fue escrita entre los años 115-117.

Tácito, tras referir el incendio de Roma del año 64, cuenta cómo el emperador Nerón quiso desviar los rumores de haber sido el causante de tal desgracia, culpando a un grupo sobre el cual el pueblo estaba dispuesto a creer lo peor: los cristianos. Transcribo aquí el párrafo puntual:

“… ni por todos los medios humanos, ni por donativos del príncipe, ni por las expiaciones a los dioses disminuía la creencia infamante de que el incendio había sido provocado. Por ello, para eliminar tal rumor, Nerón buscó unos culpables y castigó con las penas más refinadas a unos a quienes el vulgo odiaba por sus maldades y llamaba cristianos. El que les daba este nombre, Cristo, había sido condenado a muerte durante el imperio de Tiberio por el procurador Poncio Pilato. Esta funesta superstición, reprimida por el momento, volvía a extenderse no solo por Judea, lugar de origen del mal, sino también por la Ciudad (Roma), a donde confluyen desde todas partes y donde proliferan toda clase de atrocidades y vergüenzas.”


(“Cornelio Tácito: Anales”. Traducción, prólogo y notas de Crescente López de Juan. Libro de Bolsillo. Alianza Editorial, S. A. Madrid 1993).

Incendio de Roma, año 64.

Habría que señalar que si bien Tácito tiene muy claro el origen del cristianismo, al mismo tiempo parece dar fe, sin ningún cuestionamiento, a las absurdas calumnias de las que eran víctimas los cristianos en su época (al calificar de “abominable superstición” sin duda se hacía eco sobre la acusación de que eran caníbales, consecuencia de la errada interpretación sobre el sacramento de la Eucaristía, entre otras leyendas). Por cierto que esto último no quita validez a su testimonio histórico sobre Cristo.

Y por cierto, su autenticidad (es decir, la plena seguridad de que fue escrito por el mismo Tácito) está prácticamente aceptada por el consenso de los historiadores, tanto los del pasado como los del presente, pero aun así los mitólogos ateos (es decir, esos que sostienen el "mito de Cristo) insisten en sostener que tal pasaje es una interpolación cristiana del medioevo o de fines de la antigüedad. Incluso, han llegado a sostener que no solo esa pequeña referencia sobre Cristo sea una interpolación, sino TODO el pasaje que relata la persecución contra los cristianos, e incluso el relato del incendio de Roma del año 64, algo que es ya muy osado, como cualquiera se podría dar cuenta. Una teoría que ya hace algunos años, el escritor italiano Luigi Cascioli, en su libro “La fábula de Cristo” lo volvió a poner en el tapete, y que resumidamente se basa en los siguientes puntos:

1.- Dicho pasaje de los Annales sobre el incendio y la persecución neroniana al parecer solo empieza a ser citado por los escritores a partir del siglo XV; ningún escrito anterior lo menciona, ni los historiadores ni los Padres de la Iglesia; tal silencio sería poco menos que sospechoso pues debió haber sido abundantemente citado durante los mil y tantos años anteriores, máxime si se tiene en cuenta que la obra tacitiana es muy citada en otros aspectos. Con lo cual se concluye que dicho pasaje sobre la persecución de los cristianos es una falsificación.

2.-En los escritos de San Juan Crisóstomo (siglo IV) existe un relato de las persecuciones cristianas similar al de Tácito; posiblemente fue ese el texto del que se basó el falsificador para hacer su relato fraguado e incluirlo en los Annales.

3.- Se dice que el estilo con que el falsario o seudo Tácito se refiere a los cristianos es propio de la Edad Media

4.- Otros pasajes de los Annales de Tácito han sido considerados fraudulentos, lo cual sería prueba que el pasaje sobre los cristianos también sería fraudulento.

A base de ello se ha formulado la teoría de que ese pasaje de Tácito sobre el incendio y la persecución neroniana es un fraude fraguado por iniciativa de los jerarcas de la Iglesia Romana del siglo XV, cuya intención NO habría sido precisamente demostrar la existencia de Cristo y los cristianos del siglo I (algo que obviamente nadie ponía en duda) sino más bien para dar un marco de veracidad histórica al martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en Roma (hecho que solo es mencionado por la tradición), y de esa manera sustentar de manera más firme, la primacía de Roma en el mundo cristiano. De modo que, según esta teoría, el incendio de Roma jamás ocurrió, menos aun la persecución contra los cristianos; la mención de Cristo es por lo tanto un fraude, como el resto del pasaje. El falsificador debió ser tan habilísimo y compenetrado en la obra de Tácito, que pudo “reconstruir” la historia al más fiel estilo tacitiano, a tal punto de convencer a todos y no dejar rastros de duda.

Nerón y el incendio de Roma

Aunque parezca increíble, es esta clase de argumentos que los mitólogos ateos utilizan para “fundamentar” su hipótesis del mito de Jesús, es decir, basándose solo en “silencios sospechosos” y suposiciones. Al respecto, solo diré que la autenticidad del pasaje de Tácito donde relata el incendio de Roma y la persecución a los cristianos, es indiscutible. Todo lo que cuenta Tácito ha sido atestiguado hasta el hartazgo por infinidad de evidencias multidisciplinares, de modo que no voy a ser yo quien cuestione a los expertos; allá los ignorantes que caigan en la trampa muy elaborada de dichos mitólogos. Es más, el relato del incendio de Roma del año 64 es también relatado por otro historiador romano, SUETONIO, en su celebérrima “Historia y Vida de los Césares” (escrita hacia el año 122 d. de C.):

“No escaparon a su locura (se refiere a Nerón) ni el pueblo ni las murallas de su patria. Al decir alguien en medio de una conversación general, “que después de mi muerte la tierra sea pasto de las llamas”, contestó Nerón: “Que sea yo estando en vida”. Y realizó plenamente este deseo. Efectivamente, bajo el pretexto de que no podía soportar la fealdad de los antiguos edificios, la estrechez y la sinuosidad de sus calles, incendió Roma… (Continua el relato)”. (Nerón, XXXVIII).

También Suetonio menciona a los cristianos en el marco del reinado de Nerón, aunque sin relacionarlos con el incendio de Roma:

“Se persiguió bajo pena de muerte a los cristianos, secta de hombres que seguían una superstición moderna y maléfica”. (Nerón, XVI)



A todo ello hay que agregar que actualmente los más antiguos códices conservados de la obra histórica de Tácito (Anales e Historias) son dos y se hallan en la Biblioteca Laurentiana de Florencia: el llamado Mediceus I, del siglo IX (6 primeros libros de Anales) y el Mediceus alter o II, del siglo XI (libros 11 al 16 de Anales, y al reverso, lo conservado de las Historias: los 4 primeros libros y comienzos del 5°). Al respecto, hay gente suspicaz que también pretende sembrar dudas por el hecho que las copias más antiguas de los Anales sean de la Edad Media, pero se debe tener en cuenta que no solo esa obra sino prácticamente todos los clásicos de la antigüedad lo conservamos por intermedio de copias realizadas en el medioevo. Siguiendo esa línea tendríamos que dudar de todos los libros de la antigüedad y todo el edificio documental de la época antigua se derrumbaría. Los textos antiguos, máxime si se hallan atestiguados en varios autores, gozan de presunción de veracidad. Quien alegue la falsedad de un texto no tiene más remedio que probarla de manera fehaciente, es decir con pruebas contundentes y no solo con suposiciones o alucinadas conjeturas.

Sobre la objeción por qué ningún escritor en los mil años anteriores al siglo XV, menciona ese pasaje de Tácito, hay que tener en cuenta que los Anales no gozaron siempre de la misma fama que ahora tienen (a diferencia de otras obras clásicas como los poemas homéricos, que durante toda la antigüedad clásica mantuvo incólume su fama y prestigio). Es más, en el siglo III la obra tacitiana tuvo un olvido momentáneo, luego en el siglo IV algunos autores lo redescubrieron y trataron de imitarla, como Amiano Marcelino, Sulpicio Severo y Orosio. Luego, no tenemos más menciones sobre Tácito sino hasta el siglo IX cuando es mencionado por un monje de Fulda, llamado Rudolf, a propósito de la alusión al Welser, río que pasaba por dicha ciudad (el Visurgis citado en Anales I, 70 y en varios capítulos a comienzos del libro II). Sería solo en el Renacimiento cuando el conocimiento de Tácito se hizo generalizado, ayudando mucho a ello su difusión impresa; a veces olvidamos que la imprenta recién se inventó en el siglo XV; hasta antes de eso, los ejemplares escritos a mano eran escasísimos y difíciles de que pudiesen llegar a todos los interesados (todos estos datos sobre la obra de Tácito los he tomado de la introducción de “Cornelio Tácito: Anales” traducción al castellano de Crescente López de Juan).

Copista medieval

¿Tácito solo cuenta lo que decían los cristianos sobre Cristo?

Descartado pues, la posibilidad de que sea un fraude ese pasaje de Tácito, los mitólogos insisten sin embargo en restarle la importancia que tiene y consideran que, aun siendo verdadero, el historiador “solo repite lo que decían los cristianos de su dios”. O sea, Tácito se limita a registrar, cual simple escribano, el mito que contaban los cristianos sobre su dios. Lo cual es hartamente improbable, como enseguida explico.

Antes que nada, hay que reconocer que la referencia de Tácito sobre Cristo es solo accidental; el historiador no se propuso contar la historia de Jesús, sino simplemente lo menciona en el marco de la explicación sobre quienes eran aquellos cristianos a quienes se culpaba del incendio de Roma. Ahora, yendo al punto: quien afirma que Tácito solo cuenta lo que decían los cristianos sobre su Cristo, desconoce totalmente los métodos de los historiadores romanos y sus fuentes. Así de simple. El análisis de los textos de los Anales, hechos por expertos en la materia, ha determinado que para referirse a habladurías o comentarios anónimos, Tácito suele utilizar una expresión técnica que traducido del latín se lee como “rumores” o “fama”. En el caso de lo dicho sobre Cristo y su muerte, al no usar esa expresión, se deduce que lo haya tomado de un documento de segunda mano (es decir de otro historiador). Está ya determinado (confesión del mismo Tácito incluida), que la mayor parte de la información que acopia en su obra procede de las obras de otros historiadores o memorias de personajes. Y se entiende que no mencione la fuente de donde tomó la información sobre Cristo, pues no era esa su costumbre ni el de sus colegas de entonces (a diferencia de un historiador moderno, quien por obligación debe siempre mencionar sus fuentes). Solo en algunas contados episodios de los Annales, Tácito las menciona, por ejemplo: la “Germania” de Plinio el Viejo, obra ya perdida y las “Memorias” de Agripina la Menor, igualmente perdida; se ha determinado que estas menciones solo las hace cuando está en desacuerdo con dichas fuentes o cuando quiere demostrar que sobre un determinado juicio histórico hay varias posiciones disímiles. De modo que la afirmación sobre Cristo era algo que Tácito tendría sobrado motivo para no dudar, y por lo tanto no cita la fuente.

Hay que tener también presente que Tácito era uno de esos romanos conservadores y nostálgicos de las antiguas virtudes republicanas, de modo que sería inverosímil que diera por histórico, sin mayor comprobación, el mito de una “despreciable” y “abominable” secta judía, extraída de los expedientes judiciales. Y es que los romanos cultos de esa época no eran tan ignorantes, en lo que respecta a las religiones mistéricas de Oriente. Un romano culto sabría muy bien diferenciar un mito de un relato histórico. Con mayor razón si se trataba de una secta por la que, como es evidente, sentía tal animadversión y prejuicio, al punto que, como se trasluce en su relato, da como válidos los rumores que corrían en torno a las supuestas actividades secretas de sus miembros.

Persecución neroniana

La fuente probable de la que se basó Tácito

¿De qué fuente pudo haber tomado Tácito la información sobre Cristo? Pues ahora ya sería imposible determinar, máxime sabiendo que solo una parte mínima de las obras históricas del siglo I han llegado hasta nosotros. Se ha dicho que pudo recoger esos datos de manera personal, pues había sido procónsul de la provincia de Asia (es decir, el tercio occidental de Asia Menor) hacia el año 112 d.C., y acaso se relacionó con cristianos por asuntos judiciales similares a los que relata Plinio el Joven (sobrino de Plinio el Viejo) en su célebre carta a Trajano (otra de los testimonios de la historicidad de Cristo, que en otro post comentaré); coincidentemente Plinio el Joven por esa misma época oficiaba de legado de la provincia de Bitinia (en la costa sur del Mar Negro). Otros han sostenido que tal vez el mismo Plinio el Joven le diera informaciones sobre los cristianos ya sea personalmente o por vía epistolar, ya que eran muy amigos. Aunque aquí si hay que resaltar que Tácito (así como Plinio el Joven) difícilmente hubiesen dado por históricos los “mitos” que contaban sobre su origen los cristianos, como ya expliqué. Sin duda, al afirmar lo de Cristo y su muerte bajo Pilato en Judea, Tácito debió tener una base histórica bien confrontada como para consignarla como información verídica.

Otra fuente probable pudo haber sido la obra del historiador judío Flavio Josefo, “Antigüedades judías” (escrito hacía 95 d. de C.); por comparación, se sospecha por ejemplo, que para su relato de la rebelión judía del año 66 (consignada en otra de sus obras, las “Historias”) pudo haber usado como fuente la obra de dicho historiador judío.

O tal vez su fuente pudo ser una de las obras del polígrafo Plinio El Viejo obra que por desgracia no se ha conservado. Plinio el Viejo nació aproximadamente por el año 23 y murió en el 79 (durante la célebre erupción del Vesubio). Estuvo en Palestina donde fue miembro del estado mayor de Tito en la guerra judía de los años 66 a 70. Así que bien pudo tomar nota sobre los cristianos y el origen del cristianismo. Incluso en la única de sus obras que se conservado, (“Historia Natural”, 5-17, escrita hacia 73 y 79 d. de C.) menciona a las secta de los esenios que vivían en el desierto de En-gadi, cerca del Mar Muerto, aunque no a los cristianos; precisamente este silencio suele ser usado por los mitólogos como argumento para sostener que en esa época no existían los cristianos, y por ende, Cristo no fue un invento posterior. Lo que no toman en cuenta es que, como ya aludí, NO todas las obras de este escritor romano se han conservado; sabemos por ejemplo que escribió una Historia de su Tiempo en 31 libros, obra donde relata sucesos del reinado de Nerón hasta Vespasiano y que fue usada por Tácito como una de las fuentes primordiales de sus Anales. ¿Cómo sabemos esto último si se tiene en cuenta que por ningún lado Tácito menciona explícitamente dicha obra? pues por el contexto cuando cita a Plinio el Viejo ( libro XIII, 20 y el libro XVI, 53 ) está claro que se refiere a dicha obra. Y dejando en claro que esas no son las únicas veces que se aprovecha de dicha obra, sino que se sospecha que buena parte de sus Anales se basan en ella. Es pues, muy posible que Plinio en su relato sobre el reinado de Nerón mencionara a los cristianos e hiciera una explicación de quienes eran, datos que serían aprovechados por Tácito. Ciertamente que esto es especulativo, pero al menos es más probable que la teoría de lo “que decían los cristianos de sí mismos”.

Plinio el Viejo, uno de los mayores escritores en lengua latina, filósofo, historiador y naturalista, murió asfixiado por los gases durante la erupción del Vesubio, al acercarse temerariamente a estudiar el fenómeno (año 79).

¿Por qué los Padres de la Iglesia y los apologistas cristianos no mencionan el pasaje de Tácito?

Un argumento preferido por los mitólogos ateos es el hecho que los Padres de la Iglesia del siglo II al V, no mencionen en sus obras el pasaje de Tácito referente a Cristo, como si lo hacen con otras citas similares de otros escritores no cristianos, como Josefo (mencionado por Eusebio de Cesárea en su obra “Historia Eclesiástica” ). De ello concluyen que el pasaje tacitiano no existió y fue interpolado siglos después.

La malinterpretación aquí es que no se toma en cuenta el contexto en que los Padres de la Iglesia o apologistas cristianos mencionan las citas de historiadores paganos o judíos sobre los cristianos: a veces citan a algún historiador para responder solo cuando difamaban o escribían falsedades sobre los cristianos en cosas muy puntuales y concretas; por cierto que no mencionarían a Tácito-creo yo- pues este solo se limitaba a hablar de unas supuestas “abominaciones” de los cristianos sin precisar ni dar detalles. ¿Qué respuesta podría merecer tales ambigüedades?

Tampoco a los escritores cristianos en sus discusiones con sus pares paganos se les iba ocurrir citar el pasaje de Tácito como defensa de nada, pues el texto es tan exacerbadamente anticristiano que más que defensa se podría convertir en un útil instrumento de ataque hacia los mismos cristianos. Es sabido que por su ideología antijudía y anticristiana (al parecer no diferenciaba entre una u otra), Tácito tuvo muy mala reputación entre los cristianos de aquellos primeros siglos, de modo que se entiende perfectamente que los apologistas cristianos lo hayan silenciado. En todo caso, el silencio de los escritores antiguos no es prueba de que no existiera dicho pasaje de Tácito, como pretenden los mitólogos ateos. Pueden existir infinidad de razones de ese silencio, pero los mitólogos ateos, tan “brillantes” como ellos solos creen serlo, pretenden que tal silencio solo tiene una explicación: que no existió tal pasaje. Algo delirante, ciertamente.

¿Un historiador solo puede historiar sobre los hechos que fue testigo?

Como es de suponer, los mitólogos no se dan por vencidos y arguyen finalmente que como Tácito escribió en Roma alrededor del año 120, no pudo conocer a Cristo, ya que hay un margen de distancia de unos 80 años entre dicha época y la muerte de Jesús, o sea como no fue testigo presencial de la vida de Jesús, su referencia no tiene ningún valor de testimonio histórico. Esta argumentación, tremendamente absurda, es prueba de lo poco o nada que se sabe sobre los métodos historiográficos; si se siguiera tal idea, entonces para considerarse válido el trabajo de un historiador debería restringirse solo a hechos de los que fue testigo y no sobre otros de los que no lo fue o de épocas anteriores. ¿Cómo se podría historiar entonces? Simplemente ocurre que un historiador como Tácito da su confianza a la información transmitida por otros historiadores o personajes que vivieron antes de él. Tal como hoy los historiadores contemporáneos se confían en los trabajos y documentos sobre episodios ocurridos hace tiempo atrás (como la primera guerra mundial, por ejemplo), aunque no hayan vivido en dicha época. Aunque la diferencia aquí es muy clara: aun conservamos las fuentes que los historiadores han usado para hacer la historia de la gran guerra de 1914 y es de suponer que sigan conservándose, a no ser que por alguna catástrofe global desaparezcan; en cambio las fuentes de las que se basó Tácito, la mayoría se han perdido definitivamente. Los mitólogos al parecer olvidan como la invasión de los bárbaros significó un verdadero azote para la cultura clásica; muchas obras se perdieron para siempre, debido a los incendios y destrucciones; en algunos casos también hubo cristianos fanatizados que participaron en tales vandalismos, sin embargo algunos rollos fueron conservados y transmitidos en los monasterios cristianos, y gracias a esto último tenemos muchas de las obras clásicas representativas de la antigüedad, entre ellas los Anales de Tácito. Gracias a los cristianos hemos salvado pues parte de ese valioso legado cultural, no hay que olvidarlo nunca.

Edición de Tácito del s. XVI


¿Muchos Cristos judíos?

Otras objeciones de los mitólogos ateos se refieren a algunos detalles, como el hecho que Tácito mencione el título de Cristo y no su nombre, Jesús. Según los ateos, podría tratarse de otro “Cristo judío”, uno de esos engañadores o impostores judíos que según Josefo abundaban en la época previa a la rebelión judía del año 66. Habría que recordar que ya para la época de Tácito, el nombre de Cristo ya había dejado de ser un título y se había convertido en nombre propio, para designar al Jesús de los cristianos. Es más, ya los cristianos usaban la forma compuesta de Jesu Cristo. Pero además, sería demasiada coincidencia que hubiese “otro Cristo” que fuera crucificado en Judea bajo la gobernación de Poncio Pilato (es decir entre los años 26-36 d. de C.), cuyos seguidores se hacían llamar “cristianos” (apelativo este que según Hechos de los Apóstoles, se empezó a usar en Antioquía desde el 40 d. de C. por lo menos), y que por los años 60 después de Cristo tuvieran tantos seguidores en la capital del Imperio, como para culparlos de un hecho como ese. Un movimiento judío de ese tipo, distinto al movimiento cristiano, lo hubiese mencionado el historiador judío Flavio Josefo (siglo I), quien en su notable obra histórica “Las antigüedades de los judíos” (escrita hacia el año 95) relata los sucesos de los judíos, no solo de Judea propiamente dicha, sino de la diáspora, tanto en Roma como en Alejandría, así como en otras ciudades. Pero nada. Ahora, claro, dirán que por comparación, existe también el problema que Josefo no menciona la persecución neroniana contra los cristianos, lo que probaría que este episodio no es histórico, pues dicho silencio haría suponer que aún no habían cristianos en la capital imperial. Pero sucede que para entonces, los cristianos ya debían ser en Roma mayoritariamente de origen gentil, de modo que Josefo no tenía por qué mencionarlos-él solo relata hechos del pueblo judío o que tuvieran como actores a Judíos importantes. Aparte de eso Josefo deja también en claro la razón por la cual no se ocupa de los episodios del reinado de Nerón pues según cuenta, en su época todo el mundo conocía muy bien esos hechos; además, como protegido de los emperadores flavios, evitaría mencionar a los cristianos, que ya se hallaban fuera de la ley (el último de los flavios, Domiciano, desencadenó la segunda persecución contra los cristianos, hacia el año 90); en todo caso es muy posible que sus pasajes donde habla sobre Jesús y los cristianos hayan sido retocados, más no interpolados totalmente.

Pilato ¿Prefecto o Procurador?

Otra objeción menor es el hecho que Tácito se equivoca al darle el título de Procurador a Pilato y no el de Prefecto, que sería lo correcto. De ello se concluye que el historiador no fue un buen investigador y por lo tanto su testimonio no tendría mayor validez. Esto es un punto donde creo que injustamente se prenden contra Tácito. Sabemos que Pilato fue el último gobernador de Judea que usó el título de Prefecto, y que sus sucesores usaron el de Procurador, de modo que quizás por costumbre Tácito aplicó ese título a Pilato. No veo pues mayor trascendencia en ese error de Tácito, máxime si es un desliz similar en el que cae nada menos que Josefo cuando en un pasaje de sus Antigüedades generaliza y llama a todos los gobernadores romanos de Judea “procuradores”. Y no es porque Josefo ignorase los títulos sino que simplemente lo hace por comodidad.

Inscripción en caliza encontrada en Cesárea en 1961 donde se menciona a Pilato con su título de Prefecto de Judea.

En resumen: el testimonio de Tácito es el testimonio pagano más antiguo y completo sobre la figura de Jesús, pues registra lo siguiente:

"Cristo" fue un judío que fue ajusticiado como malhechor bajo la procuraduría de Poncio Pilato. Fue autor de un nuevo movimiento religioso nacido en Judea, cuyos seguidores se llamaban, en referencia al nombre del fundador: "cristianos" y eran ya conocidos en Roma durante el reinado de Nerón.

¿Es poca cosa como afirman los mitólogos ateos? Saquen ustedes mismos sus conclusiones.


Álvaro S. Chiara G.




2 comentarios:

Yasser dijo...

Muy bueno Alvaro, voy a ver si te encuentro una cita que tengo por ahí que no la tengo a la mano ahorita.
saludos

roberto dijo...

Hola Alvaro quisiera que escribas sobre la historicidad del N.T y ademas sobre esos mitos que hay en que dicen k Jesus es un hombre k fue creado xq habian muchos mitos y que constantino lo creo en el 300D.C, gracias como puedo contactarme contigo?